SIEMPRE HAY UN INICIO

Unión la Calera cayó en un campo minado. Tres balazos, precisamente en el corazón, durante la guerra que estaba para cualquiera. Aun así, dio pelea, garra y entregó un mensaje bien claro: luchar hasta el final.

Siempre hay un inicio. Claro. No se podía quedar mal en el debut internacional, y se cumplió con la tarea, se logró eliminar a un ganador de Copa Sudamericana, Chapecoense; y tiene plusvalía, es brasileño, no es común eliminar a cuadros cariocas…A Unión la Calera le sortearon a Atlético de Mineiro. No hay que agregar mucho, equipo ganador de Copa Libertadores, uno de los clubes reyes de Brasil, alguna vez pasó Ronaldinho por sus filas, un poco de temer.

Nicolás Chahuán estaría orgulloso de su equipo, si los cementeros demostraron una pasión infalible en los dos juegos, exponiendo que los clubes chilenos no caen tan fácilmente.

Todos los rojos se acordarán de Frank Lobos, una cabeza certera, mentalizada y goleadora. Venía Zuñiga desde la lateral, ambicioso de centrar, vio la oportunidad y lanza un centro perfecto que, en un momento, los relatores pensaron que había conectado Marcelo Larrondo, pero, no, fue Lobos, quien apareció mágicamente por detrás y dejó por el suelo a Víctor, portero del “Galo”. Celebraba la hinchada del “Rojo”, una barra que mueve masas en la ciudad cementera. Hasta el calerano que no es hincha del futbol apoya al equipo, en las buenas y en las malas.

Belo Horizonte era el destino, una ciudad donde la palabra “Chile”, o lo que provenga de ahí, es sinónimo de “sufrir”. 1-0 a favor y Unión la Calera iba con la mentalidad de seguir escribiendo hojas y pegando imágenes en su libro historiográfico. Francisco Meneghini, director técnico del “Rojo”, planteó un 4-4-2 compacto: en caso de atacar, ubicaba a 8 jugadores en campo contrario y estos trataban de generar ocasiones por los interiores, buscando a Bou y Larrondo, y en caso de defender, crear una línea de 5 en la zaga y posicionar a todos los rojos en su propia área, con el objetivo de macar por zonas. Los mediocampistas, Lobos y Andía, tratarían de evitar el paso de los laterales brasileños y que el delantero chileno-argentino intentara buscar balones en mitad de cancha para poder soltar a Lobos o Zuñiga.

La historia estaba hecha hasta el minuto 70, hasta que cae el gol del joven delantero brasileño Alerrandro, igualando el marcador. Sigilosamente se asomaba los penales. El equipo cementero estaba exhausto y trataba de aguantar el resultado hasta que finalizara el pleito y así fue.

Los penales son un sorteo, un ejercicio de datos y azar, la vida o la muerte si somos más extremistas, pero, Calera había ganado el lanzamiento de la moneda y escogió el arco sin gradas por detrás, un punto a favor. Los remates a doce pasos iniciaban con Walter Bou, quién al patear se encontró con un Víctor formidable e imparable. Fábio Santos anotó el primero para Mineiro. Tenía que igualarlo el ingresado Sebastián Leyton y al rematar, el portero brasileño con la pierna evita el primero del conjunto rojo. Luan la clavó en la esquina izquierda del arco y Batalla no alcanzó a llegar. Todo dependía de Larrondo que, se veía confiado a la hora de chutear. Era su turno y el guardameta albinegro atajó una ilusión que mantenían los caleranos hasta ese momento. Leonardo Silva culminó con la guerra.

Una pequeña historia para muchos y grande para pocos. Un cuento que recién comienza para una hinchada, un equipo y una ciudad.

Author: Tomás Orellana

Estudiante de periodismo de la Universidad Nacional Andrés Bello (UNAB). Columnista de Universo Deportivo.